Lazos eternos
Prólogo
Todo estaba realmente oscuro, no sabía dónde estaba...miró a su
alrededor extrañada.
Al parecer se encontraba en un
cuarto, alguna especie de habitación, solo que no habían muebles.
Aquel lugar estaba completamente
vacío y sintió que se moría de frío. La temperatura era demasiado baja para la
época en la que estaban. Su cabeza no conseguía encontrarle una explicación a
lo que me estaba pasando ni a cómo había llegado allí. Volvió a mirar a su
alrededor, esta vez con más atención.
Había una ventana cerca de Lucy y
desde ella se podía ver la noche. Gracias a la leve luz de la luna, en la habitación
consiguió ver a duras penas algunos objetos.
Se había equivocado al pensar que no
había muebles...pues después de un momento descubrió que muy cerca descansaba
una cama y una pequeña mesita a su lado. Sin duda sus ojos se estaban
acostumbrando a la oscuridad reinante en aquel lugar desconocido. Sin embargo
el lugar ofrecía un aspecto más bien lúgubre.
Todavía no había averiguado qué
hacía en ese lugar cuando sintió que alguien la observaba desde algún lugar del
cuarto, con una mirada intensa y penetrante. Intentó agudizar sus sentidos pero
de cualquier forma no pudo reconocerlo.
Sintió como el miedo comenzó a
aflorar en su pecho dejándola completamente quieta e inmóvil. El pánico se
apoderaría de Lucy pronto si no hacía nada.
Giró su cuerpo para poder observar
desde el mayor número de ángulos posibles. Pero no pude distinguir nada fuera
de lo normal. El extraño había desaparecido súbitamente y ya no lo veía.
Sentía frío y un miedo espantoso,
una sensación de la que resultaba imposible desprenderse.
Miró al frente y entonces lo vio. El
hombre estaba sentado en el suelo muy cerca de la mesita. Observándola.
Sus fuertes y a la vez delgados
brazos descansaban por encima de las rodillas mientras su mirada la estudiaba
con intensidad.
Sofocó un grito de susto y dio unos
pasos hacia atrás, retrocediendo.
En cuanto él se dio cuenta de su
temor su expresión de concentración y carente de emoción, se transformó en una
máscara de dulzura.
Sin embargo eso no hizo que se
tranquilizara y con las manos detrás de las espalda, con la intención de
encontrar la pared detrás de ella, retrocedió tan rápido como pudo.
Oh, Dios iba a morir allí. Con el
miedo ralentizando sus piernas, intentó huir hacia una oscura puerta situada a
un costado.
Antes de que pudiera llegar, él
estaba de pie y se aproximaba lentamente a ella. El movimiento había sido
prácticamente invisible.
Calculó las posibilidades que
tendría de salir de ahí pero no encontró ninguna razón por la que ese extraño y
misterioso hombre la dejaría salir de allí.
Y si lo hubiera hecho, tampoco
sabría a donde ir...
En cuanto él se acercó a Lucy,
comprendió que no era una hombre si no un chico.
Un chico más o menos joven, de su
edad. Eso consiguió tranquilizarla un poco. Solo un poco.
- no temas...-susurró con vos dulce,
algo que le pareció completamente fuera de lugar y un poco absurdo.- no te haré
daño.
Intentó hacer algo, quizás gritar
pero no encontraba su voz.
¿Qué estaba haciendo en ese lugar y
lo más importante quién era el extraño que la tenía arrinconada contra la pared?
- ¿q-quién eres?- tartamudeó.
Lucy distinguió en su cara una
belleza innegable. Tenía los rasgos tan marcados y atractivos que se quedó
mirándolo durante unos segundos.
- No te preocupes por eso. Sólo
debes saber que no te haré daño...- Su voz era persuasiva y extrañamente
tranquilizadora.
No sabía lo que estaba pasándole
pero su mente dejó de pensar coherentemente.
Tenía la sensación de estar siendo
dominada. Su cuerpo se relajó al instante y se sintió mucho más tranquila.
Una pequeña parte de su cerebro
rebajó la posibilidad de que algo estaba produciéndome aquella sensación.
Pero no tuvo tiempo de pensar en
ello mucho más, porque el misterioso chico aguardaba expectante.
Extendió el brazo en su dirección y
apartó el pelo de su cuello. ¿Acaso esas puntitas blancas que sobresalían bajo
sus labios eran colmillos? Debía de estar volviéndose loca.
Sintió como su boca se posaba en su
garganta hasta que se sumió en una oscuridad de la que no salió.
Entonces se despertó.
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